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PENSAMIENTOS
POR MUCHO TRIGO...
NO ES MAL AÑO
Maev Jane
Por mucho trigo no es mal año.
Es de nuestro refranero, tan sabio como nacido de las raices mismas del
pueblo. No sé exactamente si lo he transcrito literalmente, pero
es igual, así tal cual, me es válido y lo considero totalmente
verídico.
Transponiendo conceptos diría: POR MUCHA PAZ, NO ES MAL AÑO,
y esto sí que es una verdad tan hiniesta como el “ Pi de
Formentor”, tan necesaria como el aire para respirar o tan vital
como los latidos del corazón. Que debería ser el “status”
de todos los paises, de todos los pueblos, de gentes evolucionadas e inteligentes.
Debería ser el marco perfecto para la entrada en el nuevo siglo
de avance tecnológico, horizonte claro y diáfano con idea
de progreso y tecnología punta.
Cuando estamos llegando a la “era” (entre comillas) de las
clonaciones (buen peligro), cuando la navegación por internet es
casi más real e intensa, que la misma realidad física, cuando
tenemos un horizonte de alucine con apertura a cosas insospechadas que
pueden dejarnos los ojos como “platos”, con sorpresa y estupor
por lo desconocido. Con este panorama... ¿es buen panorama? Sí,
creo que sí, es horizonte para extender la vista al tiempo venidero
y recoger cuanto bueno nos ofrece ese futuro.
¿Qué tiene que ver esto con la paz? Con la paz, todo, pero
deseo detenerme en su antónimo: la guerra.
La guerra entre los pueblos, y dentro de los pueblos (guerras civiles)
ha de ser cosa antidiluviana, esquema de otros tiempos anacrónicos,
más ignorantes, la guerra en nuestra sociedad, es lastre, podredumbre,
que pesa e impide proseguir el camino hacia la consecución del
destino del hombre. Llegar a la libertad, a la evolución y a la
verdad; esto desde una perspectiva estrictamente ética, excluyendo
cualquier sentido filosófico o religioso.
Las guerras son desastres, egoísmos, paranoias de entes esquizofrénicos,
desestabilizadores y enfermos, que llevan a gentes inocentes a un caos
físico, emocional, económico, anímico y de muerte,
como lo estamos palpando desgraciadamente en estos días sangrientos
hasta la hartura. Es “borrachera” de pánico y dolor
para el pueblo de Yugoslavia en estos aciagos y trágicos momentos.
Hay que gritar ¡NO HAY DERECHO!¡HAY QUE CONSEGUIR LA PAZ!
De forma personal, este planteamiento, tal vez se esté llevando
a la práctica, pero esto, siendo ya importante, como resultante
de comunidad no es suficiente.
La concienciación, la toma de este pulso, ha de estar en los políticos
de “élite”, de la “alta política”,
aquéllos que manejan los hilos de la sociedad. Mi imaginación
que es muy “fotostrópica” me hace ver a aquel que mueve
los hilos y los títeres, sin remedio, han de evolucionar a tenor
del quel articula el movimiento de los hilos. Descriptivo.
Después del inciso anterior que no estaba en mi concepción
de este artículo, vuelvo al hilo conductor.
Es concienciación de sociólogos, del poder judicial: derecho
penal, civil... hacer las revisiones precisas, para que la guerra llegue
a convertirse en inviable.
Simplificar las cosas no estaría de más, hacer efectivos
los DERECHOS HUMANOS, así de simple y sencillo; que ningún
hombre tenga necesidad de hacer valederos sus derechos como ser humano,
porque sean ya realidad en su vida. Conseguir esa praxis. Sólo
así habrá paz en el mundo... ¡POR MUCHA PAZ, NO ES
MAL AÑO!
SIGNO DE NUESTRO TIEMPO
La soledad, la incomunicación,
el consumismo, el anonimato, son elementos todos, que se dan y proliferan
en el mundo actual.
Constantes en la vida del hombre, en mayor o menor medida; pero sin duda,
que todos hemos hecho en algún momento: la garra de su zarpazo
se ha hecho presa en nuestra propia vida.
Cuando la aparcición de cualquiera de estos condicionantes, es
esporádico, es decir, tiene conatos puntuales en el hombre, yo
diría que hasta son positivos, pues hacen de revulsivo y desencadenan
en la persona resortes que hacen propiciar el crecimiento como ser humano.
La soledad buscada no es nociva, no es destructora, no es demoledor el
silencio que lleva intrínseco; es en cambio sosiego y bonanza,
porque es buscada y deseada puntualmente. En ella, en el silencio, en
el aislamiento, se encuentra paz, hallas respuesta a muchos planteamientos
que en la vorágine del ruido y de la compañía no
te llegan. En la quietud de la soledad buceas tu interior y haces aflorar
sentimientos adormecidos, vivencias que hacen crecer el espíritu.
La soledad es compañía contigo mismo de forma querida y
deseada. Pareciera con lo expuesto anteriormente, que la soledad fuese
panacea para un mejor vivir, y sin embargo, es todo lo contrario en la
sociedad de vértigo que nos ha tocado desarrollar la existencia.
La soledad obligada es la más usual, ésta, sí es
demoledora, destructiva, corruptora de fortaleza humana; deja en el más
gélido vacio las más elevadas ilusiones y anhelos.
A veces, ves cruzar a tu paso caras inexpersivas, ausentes, como vagando
por lugares desconocidos, o yo diría más bien, por sitios
hostiles a la persona. Son gentes que se sienten solas física y
espiritualmente. Están inmersas en el tumulto, y al mismo tiempo
son islas desiertas en su soledad, en su aislamiento.
Desesperación podría ser, cuando la persona siente necesidad
de comunicarse y no encuentra con quién, cuando en su deambular
busca calor y sólo choca con muros de cemento duro y frío.
La sociedad tiene gran responsabilidad por “elaborar estos productos
humanos”, porque no son ni más ni menos que el resultado
de la sociedad competitiva y deshumanizada.
Medio mundo vive en la agonía y pasamos insensibles a tal grito
de angustia. En este siglo, ya, veintiuno, tan explicitado a veces, no
somos capaces de tender una mano, mano amiga, mano de justicia en el más
amplio sentido de la palabra; hacer otra sociedad con parámetro
de solidaridad, pensando en la persona, como ser y no por su tener que
al fin es cosa de “accidente”.
Estamos aquí para hacer el camino juntos, para que la alteridad
llegue a todos los poros de la humanidad, para transformar el camino en
experiencia de vida, y extendernos las manos unos a otros, formando barrera
de fraternidad. Yo tengo la mano extendida, únete a ella, seas
tú quien seas.
Maev Jane
REALIDAD SOCIAL
Es un hecho evidente que la sociedad
está en cambio constante, pero que en los últimos años,
este cambio va tomando velocidad de vértigo.
Los humanos, los hombres de hoy, que tenemos gran poder de adaptación,
tomamos estos cambios, como cosa normal del avance tecnológico
que nos circunda por todos los orientes de la rosa de los vientos.
El poder de asombro y estupor que se habría producido, simplemente
en dos generaciones anteriores, ahora, en la nuestra ya no existe. Nuestra
mente se halla preparada para aceptar todos los cambios, los adelantos,
la modernidad, e incluso pensamos que en los años venideros la
tecnología conseguirá horizontes más vertiginosos
aún.
La juventud crece en la frontera del siglo XXI con capacidades insospechadas
en los años cincuenta o sesenta, y en la infancia de aquella época.
Su mente, su cerebro es como un receptor con antenas proyectadas a direcciones
de avanzados adelantos, sus intereses están en el futuro, más
que en el pasado de la historia. La era del ordenador, las comunicaciones
por internet, las siente más próximas, son más afines
a él que los pasados inventos que produjeron la revolución
industrial.
Estamos tan imbuidos en las ideas de avance, que cualquier cosa se hace
realidad al instante, es decir, hoy en día, la tecnología
punta de un momento determinado, puede quedar obsoleta en tiempo relativamente
corto. Esta es la sociedad que nos ha tocado vivir, y que duda cabe, que
nos dará como resultado, un hombre distinto al de antaño.
El contexto sociológico modela al hombre y lo pone en una órbita
conexa a ese ambiente. No pensamos igual, hoy, nosotros que nuestros abuelos,
por no ir más lejos. El horizonte de ideas ha cambiado, las concepciones
las formulamos desde otras premisas, los valores han evolucionado, al
menos, la escala ha variado. Como sus circunstancias son distintas, el
hombre es distinto. La sociedad, hoy, nos talla al hombre que sirve para
esta modernidad con sus características propias. El hombre ha cambiado
radicalmente, es crítico, es realista, más ético
que religioso, tal vez tiende a una moral natural sin concepciones filosóficas
que le atrapen, por tanto, tiende a la libertad, quiere ser libre de cuerpo
y mente.
Ante una sociedad de tales caracteres se suma la competitividad que llega,
a veces, a cotas de alucine; es como una carrera de obstáculos,
es como estar insertos en una selva plagada de depredadores, en donde
sólo se salva el más fuerte; el débil queda al margen
del camino, y todos aquellos que tienen mermadas sus fuerzas, aquéllos
que por indeterminadas causas les acompañan las carencias, y estas,
son tan fuertes que les impiden proseguir su marcha, quedando abandonados
a la orilla del camino de la vida, olvidados, ignorados y en algunas ocasiones,
despreciados.
La inteligencia del hombre pide a gritos corregir estos errores, y que
el mundo del progreso tenga mirada solidaria para los “desheredados”.
Pensemos que estas personas no escogieron sus circunstancias, sino que
les llegaron y en ellas se quedaron atrapados. Cualquiera podría
estar entre los “marginados” que quedan a la orilla del camino.
Es obligación de la sociedad, del progreso, del adelanto, de las
miradas con limpios horizontes, del individuo en particular, tender la
mano para que nadie quede “aparcado” ni apartado de la globalidad,
de los agraciados en la lotería de la vida.
Todos hemos de poner el hombro para caminar al unísono, siempre
hay que dar unas segundas oportunidades para la recuperación, la
integración, la reinserción. Es tarea en la que intervenimos
parte de nuestra vida para hacer una sociedad más solidaria, y
se imponga la justicia con mayúsculas.
Maev Jane
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POEMARIO
EN ESPERA
Las orillas de mis mares perdiéndose,
oteando tu retorno, amor.
Mis corceles surcaron los vientos soricos
para llegar hasta ti, amor.
Los años dejaron la sed de siglos
y abrevaron en tu fuente, amor.
Mi mar, mi montaña, mi río, mi todo,
te están esperando, amor.
En esa estática espera, eterna espera,
me quedé olvidada en la senda de colores,
aspirando los efluvios de tu aliento,
saboreando como serían tus besos,
la tibieza de tu rostro junto al mío,
la presión de nuestros labios en un beso,
la emoción de la entrega sin reservas;
enajenados, en libertad completa.
Vericuetos amatorios jamás antes sidos,
placeres de noches dormidas y en vela,
silencios henchidos de emociones
y, emociones preñadas de realidad.
Pero...
Pero amor, me quedé, me quedé
en el borde del camino, en espera,
dejando antorchas de colores
para que las encontraras a la vuelta.
Aún te espero amor, aún te espero.
Apostada en la curva del camino.
Dejando antorchas de colores
para que las tomes y veas la senda.
¡No olvides amor! Que siempre estoy yo,
a la vera del camino, en espera.
ENTRE NOSTALGIAS
La nostalgia es el hambre en la ausencia
que cabalga con perdido equilibrio
por los etéreos espacios huecos
reclamando ansiedad para saciarla.
La guitarra llora el vacío oscuro
de tu presencia alejada y distante,
donde las notas dormidas sedentes
vibran por salir del dolor opaco.
Y entre la añoranza y el futuro,
largo recorrido de extrañas sensaciones
invadiendo espacios y piélagos íntimos,
remansados, o en perpetuas tormentas.
Sentir, amar, olvidar, estremecerse
con los velos tupidos y tules diáfanos
que componen la entretejida red
sutil de nuestras transitadas vidas.
El amor está, pero, no lejos, también,
aparece el tedio, la disolución.
El deseo hace pirata abordaje
en playas desiertas de amor.
Y la coctelera arroja cristales,
partidos cristales punzantes
cubriendo con esquirlas
la piel herida sangrante de amor.
Por eso...
La nostalgia alza su grito en tiniebla,
con añoranza de pasado,
la presencia de un presente
y lo incierto de un futuro
que siempre aparecerá en libertad,
entre la añoranza y lo venidero,
el sendero recorrido del amor.
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